Caminar bien, para vivir mejor
De la caminata afgana a la caminata nórdica:
recuperar el arte ancestral del caminar.
Caminar es el gesto más antiguo del ser humano. Antes de correr, antes de competir, antes de convertir el movimiento en espectáculo, caminábamos. Sin embargo, aunque todos caminamos, casi nadie ha aprendido realmente a hacerlo bien.
En los últimos años, distintas corrientes han recuperado el valor ancestral del caminar consciente. Entre ellas destaca la caminata afgana, una técnica basada en la sincronización de respiración y paso, inspirada en los pueblos nómadas capaces de recorrer enormes distancias con un gasto energético sorprendentemente bajo.
Caminar: un acto ancestral con base científica.
La caminata afgana nos recuerda algo esencial: el cuerpo humano está diseñado para moverse de forma eficiente. No para agotarse, sino para sostener el movimiento en el tiempo.
Los estudios científicos —incluidos los publicados por investigadores japoneses sobre eficiencia y eficacia del ejercicio a diferentes intensidades¹ — muestran que caminar a ritmos variables mejora significativamente la capacidad cardiovascular y la salud global.
La ciencia es cada vez más clara: el ejercicio es beneficioso… hasta cierto límite.
El libro ‘El cerebro en movimiento’, editado por el CSIC² en España, subraya cómo el ejercicio físico mejora la función cognitiva y la salud mental, pero también advierte sobre los riesgos del exceso en el deporte de élite.
Los esquiadores de fondo son considerados entre los atletas más completos del mundo por su resistencia cardiovascular, alto VO₂ máx y desarrollo muscular equilibrado.
La caminata nórdica no es simplemente caminar con bastones, se parece más al esquí de fondo sin nieve que a un simple paseo. Es una técnica estructurada que activa aproximádamente el 90% de la musculatura corporal.
Se basa en una postura erguida, activación del core, coordinación cruzada brazo-pierna e impulso activo con los bastones, reduciendo impacto articular y aumentando eficiencia energética.
Hoy el problema no es que la gente no camine, sino que camina mal: cabeza adelantada, espalda encorvada y respiración superficial. La caminata nórdica reeduca el patrón motor, mejora la biomecánica, corrige la postura y favorece la autonomía funcional.
Sincronizar respiración y paso mejora la eficiencia ventilatoria, reduce la fatiga y disminuye estrés y ansiedad. La práctica regular podría reducir enfermedades cardiovasculares, mejorar el control metabólico y favorecer un envejecimiento saludable. Puede practicarse en playa, montaña o ciudad. No requiere instalaciones especiales ni depende de la edad. El ejercicio no debe ser extremo para ser efectivo. Debe ser inteligente, progresivo y sostenible.
Quizá el secreto no sea correr más… sino aprender a caminar mejor.
Rosy González Curbelo Dra. Tibisay Viña
Instructora de caminata nórdica en Lanzarote Dentista de la nariz
Bibliografía:
¹ (Nemoto et al., 2007; Masuki & Nose, 2010)
² El cerebro en mocimiento, de José Luis Trejo y Coral Sanfeliu
